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Bienestar

Su primera línea de defensa contra las infecciones virales

19 Marzo 2020

Por el Dr. Michael Murray

En este artículo:


La pandemia mundial debido al nuevo coronavirus, COVID-19, ha hecho que se preste atención a la prevención: tanto en términos de reducir el riesgo de infección a través del "distanciamiento social" y la buena higiene, como respecto a las medidas para potenciar el sistema inmunológico. Pero incluso antes de que nuestro sistema inmunológico entre en contacto con un coronavirus o con cualquier otro microorganismo, existen barreras naturales contra las infecciones. En lo que respecta al COVID-19, la primera línea de defensa es el revestimiento de las vías aéreas o tracto respiratorio: cavidad nasal, senos nasales, garganta, tráquea y bronquios.

La importancia de las membranas mucosas en nuestras vías aéreas

Para que un virus infecte la garganta, los senos nasales, las vías aéreas o los pulmones, este primero debe pasar a través o ingresar al cuerpo por la membrana mucosa. Es la primera barrera contra la infección; el sistema inmunológico es la segunda línea de defensa. El COVID-19 puede ingresar a los pulmones por dos vías y causar daños graves. La vía principal es a través del tracto respiratorio, la otra es a través del tracto gastrointestinal.

La membrana mucosa del tracto respiratorio que recubre nuestras vías aéreas es la primera línea de defensa contra el COVID-19. Está compuesta principalmente de células conocidas como células epiteliales ciliadas. Estas células tienen su superficie externa cubierta por estructuras similares a pelos llamadas cilios. Los cilios son formados en grupos y actúan como cepillos para mover las secreciones del tracto respiratorio, los microorganismos y los residuos hacia arriba y eventualmente fuera de la nariz o boca. En la parte superior de las células epiteliales ciliadas existen dos capas de mucosidad. Esta mucosidad es producida por otro tipo de célula epitelial llamada célula caliciforme. Una capa de mucosidad más delgada se encuentra entremezclada con los grupos de cilios, mientras que la capa más gruesa descansa sobre la más delgada. La mucosidad está compuesta de mucinas, que es como se denomina a la familia de proteínas integradas con azúcares.

La membrana mucosa y la mucosidad están especialmente diseñadas para evitar que cualquier microorganismo o partícula llegue a los pulmones. Dentro de los pulmones se encuentran células epiteliales especializadas que no tienen cilios. Tampoco existen células caliciformes en los pulmones. En los pulmones solo se hallan células epiteliales muy delgadas, tejido conectivo y capilares sanguíneos, todos diseñados para llevar a cabo la función de llevar oxígeno a la sangre e intercambiarlo por dióxido de carbono. Cuando un material particulado o microorganismo llega los pulmones, es una situación muy grave ya que existe muy poca protección ahí. No se puede dejar de recalcar la importancia de mantener la salud de la mucosidad y del revestimiento de las vías aéreas para la prevención del COVID-19, ya que las afecciones asociadas con el funcionamiento deficiente de esta línea de defensa guardan relación con un mayor riesgo de contraer una infección más grave.

Evitando que la infección pase por la vía gastrointestinal

La segunda vía por la que el COVID-19 puede ingresar al cuerpo, es el tracto gastrointestinal. Dentro del tracto GI, existen una serie de factores de protección más allá del revestimiento de la mucosidad. Los refuerzos más notables son las secreciones digestivas, como el ácido gástrico y las enzimas digestivas. La estructura del sistema inmunológico en el intestino también es más grande. Si el COVID-19 es capaz de evitar estos factores de protección e infectar el tracto GI, entonces es capaz de ingresar al flujo sanguíneo e infectar también a los pulmones. Curiosamente, esta capacidad de los coronavirus para viajar del intestino a los pulmones fue confirmado con el Síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS-CoV) al incrementar la replicación gastrointestinal del virus en animales que habían sido infectados por vía oral y a los que se les había administrado un fármaco bloqueador del ácido conocido como inhibidor de la bomba de protones. Obviamente, se hace necesario responder a la pregunta: "¿Tomar un inhibidor de la bomba de protones incrementa el riesgo de contraer virus que pueden atacar los pulmones al facilitar el paso por la vía secundaria de acceso a estos?" La respuesta es "sí".

Otro factor que incrementa considerablemente el riesgo de infección por la vía secundaria es la falta de enzimas digestivas. Es bien sabido que la insuficiencia de enzimas pancreáticas es un serio factor de riesgo para todas las infecciones respiratorias virales. De hecho, la terapia de reemplazo enzimático es el principal método médico para reducir el riesgo de infecciones pulmonares en estos pacientes. Las proteasas, enzimas que digieren proteínas, no solo pueden digerir aquellas proteínas que están en los alimentos, sino también aquellas que están en las paredes celulares del virus. Los virus tienen proteínas que sobresalen de sus membranas celulares y que desempeñan roles fundamentales en el proceso de infección. Sin estas proteínas, el virus simplemente no puede entrar a las células humanas. La suplementación con proteasas también es efectiva para reforzar la barrera de mucosidad en las vías aéreas.

¿Qué determina la gravedad de una infección por COVID-19?

La diferencia entre una infección por COVID-19 moderada y una grave parece estar basada en unas cuantas cosas. La más importante es la carga viral a la que la persona se ve expuesta en un principio. Si la exposición es a una pequeña dosis de COVID-19, en la mayoría de los casos de individuos saludables, esta producirá síntomas leves o moderados. Si la carga viral a la que se ve expuesta la persona es bastante alta, entonces su riesgo de contraer una infección más grave se incrementa considerablemente. Esta es la razón por la que el personal sanitario es especialmente vulnerable. 

Otro factor que determina la gravedad de la infección con COVID-19 podría ser la capacidad del virus de viajar desde el tracto respiratorio hacia los pulmones. Una infección viral en el tracto respiratorio, por lo general, comienza en la nariz y viaja hacia las vías aéreas. Cuanto más profundo viaje, más seria o grave será la infección. Recuerde que las células pulmonares tienen poca protección. Durante una infección viral de los pulmones, las células epiteliales del pulmón no solo son dañadas por el virus que las infecta, sino que también por la respuesta inmunológica del organismo frente a la infección. Si la respuesta y la limpieza del sistema inmunológico son rápidas, la infección puede ser contenida y eliminada en unos pocos días. Pero si la respuesta inmunológica es insuficiente o demasiado agresiva, puede producir un daño considerable.

Cómo reforzar la primera línea de defensa 

En vista de lo anteriormente expuesto, debería quedar claro que el primer paso para reforzar las defensas de nuestro organismo frente al COVID-19 o cualquier organismo que ataque el tracto respiratorio, es fomentar la producción de una barrera mucosa efectiva. Aquí tiene algunas estrategias clave: 

  • Hidratación adecuada.
  • Brinde nutrientes esenciales para la función epitelial y la producción de mucina (los componentes de la mucosidad).
  • Utilice fórmulas con enzimas proteasas.
  • Considere suplementarse con N-acetilcisteína (NAC).

La hidratación adecuada es clave

El agua es fundamental para mantener la salud de las membranas mucosas. La mucina que es producida por las células epiteliales es "seca", de otro modo, no habría suficiente espacio dentro de la célula. Las mucinas pueden retener hasta 1000 veces su peso en agua. Sin una cantidad suficiente de agua, no pueden crecer. ¿Se acuerda de los juguetes que crecen? Aquellos juguetes baratos que se vuelven más grandes luego de que usted los deja en agua. Así es como se forma la mucosidad. Por lo tanto, una cantidad suficiente de agua es fundamental para la función de la mucosidad. Los humidificadores podrían ayudar a mantener la humedad en las vías aéreas, pero garantizar una hidratación adecuada desde adentro hacia afuera es fundamental para el correcto funcionamiento de la barrera. 

Nutrientes esenciales para producir una barrera mucosa efectiva

Una deficiencia de cualquiera de las vitaminas y minerales esenciales puede resultar en una barrera mucosa alterada. Las células epiteliales necesitan un suministro constante de nutrientes para replicarse de forma adecuada y llevar a cabo tanto su labor estructural como su labor de fabricación. Estas células no solo crean mucina, sino además producen muchas otras sustancias protectoras que son fundamentales para combatir los virus y otros organismos nocivos. Es crucial tomar una fórmula de varias vitaminas y minerales . Tome una que al menos brinde el nivel recomendado de consumo para nutrientes clave como vitamina  AC y Dvitaminas B; y zinc ya que estos nutrientes son particularmente importantes. Dado que la mayor parte de los multivitamínicos de hoy en día contienen betacaroteno como fuente de vitamina A, yo también recomendaría tomar una vitamina A adicional en la forma de retinol. Esta forma tiene un acción antiinfecciosa más directa.

Vitamina A

La vitamina A fue la primera vitamina soluble en grasa en ser descubierta, pero esa no es la única razón por la que se la llama "A"; se le brindó ese nombre para indicar sus propiedades antiinfecciosas. La vitamina A es absolutamente fundamental para la salud y la función de las membranas mucosas. Las personas con deficiencia de vitamina A, en general, son más susceptibles a contraer enfermedades infecciosas, pero particularmente infecciones virales. Se ha demostrado que la suplementación con vitamina A produce beneficios significativos en la mejora de la función inmunológica durante las infecciones virales, especialmente cuando se combaten virus que afectan el tracto respiratorio. 

Los niveles de dosificación para la vitamina A reflejan la finalidad del uso. Con el fin de reforzar la salud de la mucosa y del sistema inmunológico durante los meses de resfríos y gripe, se considera seguro usar una dosis de 3000 mcg (10 000 UI) para hombres y 1500 mcg (5000 UI) para mujeres. Durante una infección viral aguda, se considera seguro usar una dosis oral única de 15 000 mcg o 50 000 UI por uno o dos días, siempre y cuando no exista posibilidad alguna de embarazo. Debido a que las altas dosis de vitamina A durante el embarazo pueden causar defectos congénitos, las mujeres en edad de procrear no deberían suplementarse con más de 1500 mcg (5000 UI) de vitamina A por día. La misma advertencia aplica durante el período de lactancia.

Vitamina D

La suplementación con vitamina D también es importante para obtener una pequeña cantidad adicional a la que suele encontrarse en una fórmula de varias vitaminas y minerales. Cada vez hay un mayor número de investigaciones científicas que muestran que los niveles bajos de vitamina D incrementan el riesgo de contraer infecciones respiratorias virales. Dado que podemos fabricar vitamina D en nuestra piel cuando esta entra en contacto con la luz del sol, es natural que muchas personas tiendan a producir menos vitamina D durante los meses de invierno. Complementar la dieta con una cantidad adicional de vitamina D puede ayudar a evitar esta caída en los niveles de vitamina D durante el invierno. 

Aparte de eso, parece ser que la vitamina D funciona en el cuerpo de tal manera que evita que los virus infecten las células. Las investigaciones han mostrado que la suplementación con vitamina D previene las infecciones respiratorias en adultos y niños. Durante los meses de invierno, la mayoría de los expertos en vitamina D recomiendan que se consuma 5000 UI por día para los adultos y niños mayores de 10 años. Para los niños menores de 1 año, la dosis es 1000 UI; para los niños de 2 a 4 años, la dosis es 2000 UI; y para los niños entre 4 a 9 años, la dosis sugerida es 3000 UI por día. 

Utilice fórmulas con enzimas proteasas

Ciertas enzimas proteasas han mostrado que ayudan a mejorar la composición, las características físicas y la función de la mucosidad. Las proteasas a menudo son usadas en fórmulas digestivas para ayudar en la descomposición de las proteínas alimenticias. Cuando se toman con el estómago vacío y sin ser combinadas con alimentos, estas proteasas son absorbidas en el torrente sanguíneo para ejercer efectos sistémicos, lo que incluye efectos sobre la mucosidad. 

La proteasa mejor estudiada es la mucolasa: una proteasa fúngica especial con acciones confirmadas sobre la mucosidad del tracto respiratorio. Un estudio clínico evaluó el efecto de la mucolasa sobre la mucosidad en los pacientes con bronquitis crónica. A los pacientes se les asignó de forma aleatoria una medicación con proteasa o placebo por un plazo de diez días. Mientras que el placebo no tuvo ningún efecto sobre la mucosidad, la mucolasa produjo cambios considerables tanto en la viscosidad (densidad) como en la elasticidad (alargamiento) al final del tratamiento. De hecho, las mejoras en la estructura y función de la mucosidad fueron evidentes hasta ocho días después de terminado el tratamiento.

En otro estudio de diez días de tipo doble ciego, la mucolasa mostró que no solo mejoraba la viscoelasticidad de la mucosidad, sino que además reducía la inflamación de las vías aéreas. Otras proteasas como la bromelina y la serratiopeptidasa también han mostrado efectos similares. La mucolasa, la bromelina y la serratiopeptidasa disminuyen la densidad de la mucosidad y al mismo tiempo incrementan la producción de mucosidad, además de incrementar drásticamente el transporte ciliar de la mucosidad. El efecto neto es la producción de una cantidad mucho mayor de mucosidad que es efectiva para neutralizar los microbios y eliminarlos del cuerpo. Además de mejorar los efectos mecánicos de la mucosidad, las proteasas podrían activar factores de protección especiales dentro de la mucosidad para que se neutralice de forma más efectiva a los organismos invasores. Algunos de los factores de protección secretados en la mucosidad son la IgA secretora, varias proteasas inhibidoras producidas por los glóbulos blancos que bloquean a los virus, óxido nítrico y lactoferrina.

N-acetilcisteína y salud respiratoria

La N-acetilcisteína (NAC) es un aminoácido con contenido de sulfuro que posee un largo historial de uso como agente modificador de la mucosidad para reforzar el tracto respiratorio. También es usado en el cuerpo para formar glutatión : el principal antioxidante para todo el tracto respiratorio y los pulmones. Las personas que están expuestas al humo u otras toxinas respiratorias, que sufren de afecciones asociadas con inflamaciones como la diabetes, la obesidad y otras afecciones crónicas, tienen menores niveles de glutatión. Los menores niveles de glutatión podrían generar factores de riesgo para consecuencias más graves con el COVID-19. La suplementación con NAC puede aumentar los niveles de glutatión y ayudar a proteger los pulmones y el tracto respiratorio.

La NAC también es un agente modificador de la mucosidad. Ha sido usada por vía oral con gran éxito, y también a través de respiradores en los hospitales para ayudar a las personas que enfrentan problemas de mucosidad ineficiente o densa en afecciones pulmonares agudas o crónicas, como enfisema, bronquitis, asma crónica y fibrosis quística. La NAC ayuda a reducir la viscosidad de las secreciones bronquiales. También se ha descubierto que la NAC mejora la capacidad de los cilios en el tracto respiratorio para eliminar la mucosidad, incrementando la tasa de eliminación en un 35 %. Como resultado de estos efectos, la NAC puede mejorar la función bronquial y pulmonar, reducir la tos y mejorar la saturación de oxígeno en la sangre cuando el tracto respiratorio se ve comprometido. Para reducir el riesgo de infección y aumentar los niveles de glutatión en los pulmones, por lo general, la dosis es de 500 a 1000 mcg por día. Si se pretende usar para reducir la densidad de la mucosidad, la dosis típica es de 200 mg de tres a cuatro veces por día.

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