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Condiciones

SIBO: tratamientos, síntomas y prevención

13 Noviembre 2017

En este artículo:

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (por sus siglas en inglés SIBO) podría parecer una enfermedad nueva, pero la primera vez que escribí sobre él fue hace más de 35 años. A principios de los años ochenta, por aquel entonces había mucho interés en el sobrecrecimiento de Candida albicans en el tracto intestinal como un factor relacionado a un conjunto complejo de síntomas. Sin embargo, me percaté de que muchos de los pacientes que trataba tenían estos síntomas, pero ninguna prueba de un nivel descontrolado de cándida. Tenía que haber algo más que fuera responsable de sus síntomas y un sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado parecía ser una explicación muy buena. En los últimos 10 años, aproximadamente, el SIBO ha llegado a ser un término muy de moda en la investigación y en la Internet. Afortunadamente, hay soluciones eficaces.

Explicación del SIBO

El estómago y el intestino delgado están diseñados para estar relativamente libres de microorganismos. La razón debería ser obvia: la presencia de microorganismos creciendo excesivamente en el intestino delgado plantearía una situación en la que empezarían a utilizar los diversos nutrientes antes de que hubieran tenido la oportunidad de absorberse. El resultado es la fermentación de los hidratos de carbono y la putrefacción de las proteínas. Esto puede producir mucho gas, así como síntomas digestivos parecidos a los del síndrome del colon irritable (SCI), además de algunos síntomas adicionales que lo acompañan. El SCI está asociado a alguna combinación de lo siguiente:

  • Dolor o distensión abdominal
  • Alteración de la función intestinal, estreñimiento o diarrea
  • Hipersecreción de mucosidad del colon
  • Síntomas dispépticos (flatulencias, náuseas, anorexia)
  • Grados variables de ansiedad o depresión

Con el SIBO, a menudo existen otros síntomas asociados, incluyendo estos:

  • Confusión mental
  • Fatiga
  • Dolor de las articulaciones
  • Problemas de la piel: acné, eczema, sarpullidos o rosácea
  • Pérdida de peso

¿Cómo se diagnostica el SIBO?

La vía principal por la que se diagnostica el SIBO clínicamente es a través de una prueba de aliento. La prueba consiste en que el paciente ingiera una dosis de glucosa o lactulosa y luego debe exhalar en una bolsa colectora cada 20 minutos para la medición del hidrógeno y el metano. Normalmente, estos gases no se expiran en cantidades elevadas, pero con el SIBO sus niveles pueden ser bastante altos. De los dos azúcares para la prueba, la glucosa da normalmente los resultados más significativos, pero solo representa el crecimiento bacteriano en la primera sección del intestino delgado. La lactulosa es más útil si el sobrecrecimiento se produce en el íleon, la última parte del intestino delgado.

El diagnóstico del SIBO por medio de una prueba de aliento se da si el paciente expira niveles superiores a los normales de hidrógeno o metano. El SIBO puede presentar dominancia de hidrógeno, metano o mixta. El SIBO con dominancia de hidrógeno está muy asociado a la diarrea, mientras que la dominancia de metano está más asociada al estreñimiento. Esta diferencia refleja un sobrecrecimiento de distintos tipos de bacterias intestinales.

Una pequeña descripción del intestino delgado

Normalmente, el intestino delgado mide unos 6,40 metros de largo y se divide en tres segmentos: el duodeno está formado por los primeros 25-30,50 cm, el yeyuno es la parte central y mide unos 2,44 metros de largo y el íleon mide unos 3,66 metros.

El intestino delgado participa en todos los aspectos de la digestión, la absorción y el transporte de los materiales ingeridos. Segrega diversas sustancias digestivas y protectoras y también recibe las secreciones del páncreas, el hígado y la vesícula biliar.

La absorción de los minerales se produce predominantemente en el duodeno; la absorción de las vitaminas hidrosolubles, los hidratos de carbono y las proteínas se produce principalmente en el yeyuno y el íleon absorbe las vitaminas liposolubles, la grasa, el colesterol y las sales biliares.

¿Qué causa el SIBO?

A menudo, el SIBO representa un fallo de los mecanismos protectores. Hay varios factores incorporados que previenen el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, principalmente las secreciones digestivas de la bilis y las enzimas digestivas junto con las contracciones peristálticas que mueven el bolo alimenticio por el intestino delgado. La falta de enzimas, bilis u otras secreciones digestivas, así como la peristalsis reducida, aumenta en gran medida el riesgo individual de padecer un sobrecrecimiento bacteriano o de cándida, además de una infección intestinal, incluyendo candidiasis crónica en el tracto gastrointestinal.

Otra barrera clave para el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado es la válvula ileocecal, que separa el colon del intestino delgado. De forma muy semejante a una puerta, esta barrera mecánica está diseñada para impedir que entren en el intestino delgado demasiadas bacterias residentes en el colon.

Tratamiento del SIBO

Con mucha frecuencia, el tratamiento del SIBO implica una dieta baja en hidratos de carbono combinada con estrategias para tratar el sobrecrecimiento bacteriano. Una dieta baja en FODMAP se ha convertido en la opción dietética auxiliar principal. Los FODMAP son hidratos de carbono de cadena corta (oligosacáridos) y azúcares que son fermentados por las bacterias intestinales, lo que produce una gran cantidad de gases, como el hidrógeno y el dióxido de carbono, causando de este modo hinchazón abdominal. Las fuentes de FODMAP incluyen la mayoría de las legumbres, verduras, frutas y cereales. Por lo tanto, la dieta es sumamente limitante y no es sostenible. Afortunadamente, estudios recientes indican que el uso de suplementos enzimáticos, especialmente los diseñados para digerir los oligosacáridos y azúcares perjudiciales, podrían ser igual de efectivos a la hora de mejorar los síntomas digestivos sin necesidad de privarse de tantos alimentos que favorecen la salud.

En cuanto a tratar el sobrecremiento bacteriano, el tratamiento médico convencional del SIBO depende principalmente de la administración de antibióticos. Sin embargo, este enfoque finalmente crea problemas adicionales debido a alterar más el microbioma. En contraste, el enfoque natural se centra en tratar el sobrecrecimiento bacteriano restableciendo el funcionamiento adecuado de las barreras que protegen del SIBO o estrategias de complementación diseñadas para producir efectos similares. Las principales para este objetivo son la terapia de sustitución de ácido clorhídrico (HCl), enzimas digestivas y agentes herbales que promueven las secreciones biliares y la peristalsis (p. ej., berberina, jengibre, alcachofa, cardo mariano y otros coleréticos). También es útil emplear agentes naturales para reducir el crecimiento bacteriano. Los agentes principales de este tipo son, en mi opinión, las enzimas digestivas, la berberina y el aceite de menta con cubierta entérica.

SIBO y las enzimas digestivas

Las enzimas digestivas, especialmente las proteasas y las lipasas, son un importante factor protector contra el SIBO. La producción insuficiente de enzimas digestivas por parte del páncreas está asociada a muchos síntomas asociados al SIBO y podría representar un factor subyacente clave en muchos casos. Las enzimas digestivas también son los mecanismos de defensa probables del anfitrión dentro del intestino que impiden la formación de biopelícula –una agrupación de bacterias unidas estrechamente que se adhieren a la pared del intestino delgado dentro de una matriz viscosa y pegajosa. En general, es más probable que las bacterias que producen metano creen biopelículas y a menudo son más difíciles de eliminar. Las enzimas digestivas son capaces de desgastar la matriz de la biopelícula, además de actuar como un freno para el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. En general, para el SIBO recomiendo tomar una preparación de enzimas digestivas de alta potencia como Digest Gold justo antes de una comida.

SIBO y berberina

Las plantas que contienen el alcaloide berberina, como el hidrastis (Hydrastis canadensis), el agracejo (Berberis vulgaris), la uva de Oregón (Berberis aquifolium) y la berberina china (Coptis chinensis), cuentan con un largo historial de uso para la diarrea infecciosa. Más recientemente, ha habido numerosos estudios con berberina pura que han demostrado un éxito significativo en el tratamiento de la diarrea aguda. La berberina ha demostrado su eficacia contra las diarreas causadas por varios tipos diferentes de organismos, por ejemplo: E. coli (diarrea del viajero), Shigella dysenteriae (shigelosis), Salmonella paratyphi (intoxicación alimentaria), B. Klebsiella, Giardia lamblia (giardiasis), Entamoeba histolytica (amebiasis) y Vibrio cholerae (cólera).

Estos resultados indican que la berberina parece ser eficaz a la hora de tratar la mayoría de las infecciones gastrointestinales comunes con resultados comparables a los antibióticos estándar en la mayoría de los casos. De hecho, los resultados fueron mejores en varios estudios. La ventaja de la berberina sobre los antibióticos convencionales es que ejerce una acción antimicrobiana selectiva, ya que se dirige a una amplia variedad de enfermedades que causan organismos como la Candida albicans, aunque no actúa en contra de las especies de bacterias que son buenas para la salud, como los lactobacilus y las bifidobacerias.

Varios otros estudios sugieren que la berberina podría ser eficaz para tratar el SIBO. En modelos animales, la berberina mejora la motilidad intestinal. Esta acción es otro objetivo clave en los pacientes con SIBO. Además, aunque la berberina no se ha estudiado con respecto al SIBO, sí se ha hecho en cuanto al síndrome del colon irritable con muy buenos resultados. En un estudio de doble ciego de 2015 publicado en Phytotherapy Research, 196 pacientes de SCI con predominio de diarrea fueron aleatorizados para recibir berberina (200 mg) o un placebo (vitamina C, 200 mg) dos veces al día durante ocho semanas. El grupo de la berberina, pero no el grupo del placebo, informó de una mejora significativa en la diarrea y de menos urgencia y frecuencia en la defecación. El grupo de la berberina también experimentó una reducción del 64,6 % del dolor abdominal en comparación con las puntuaciones iniciales al final de la puntuación. La berberina redujo significativamente la puntuación general de los síntomas de SCI, la puntuación de ansiedad y la puntuación de depresión. Por último, y no resulta ninguna sorpresa, la berberina se asoció con un aumento de la puntuación de la calidad de vida en los pacientes, mientras que no se vio ningún cambio en el grupo del placebo.

La berberina se ha estudiado ampliamente en ensayos clínicos para reducir el azúcar en la sangre, los lípidos y la hipertensión. En más de 25 estudios de doble ciego, la berberina ha demostrado una eficacia equiparable a la de las medicinas convencionales en estas aplicaciones. Saco esto a relucir porque en estos estudios la dosis era normalmente de 500 mg dos o tres veces al día antes de las comidas. Este nivel de dosis podría producir resultados más rápidos que los que se obtuvieron en el ensayo clínico de ocho semanas sobre la SCI y es más probable que constituya la dosis que ofrecería resultados más sistemáticos con el SIBO. La berberina es mi recomendación herbal preferida para el SIBO, especialmente cuando presenta diarrea frecuentemente.

SIBO y el aceite de menta con cubierta entérica

Otra opción de tratamiento para el SIBO es el aceite de menta con cubierta entérica (ECPO). El aceite de menta y presumiblemente aceites volátiles similares como los que se encuentran en el orégano, el romero, el tomillo y las semillas de alcaravea muestran varios efectos beneficiosos que son útiles para el SIBO. Como la berberina, estos compuestos volátiles ejercen efectos antimicrobianos y el ECPO ha demostrado muy buenos resultados con el SCI. Se cree que la cubierta entérica es necesaria porque el mentol y otros compuestos volátiles del aceite de menta se absorben rápidamente. Esta absorción rápida tiene a limitar sus efectos a la parte superior del intestino y podría producir un reflujo gastroesofágico y ardor de estómago.

Casi una docena de estudios de doble ciego han demostrado que las preparaciones de ECPO son sumamente útiles para el SCI. Se cree que el ECPO actúa mejorando las contracciones rítmicas del tracto intestinal y aliviando los espasmos intestinales. Un beneficio adicional de estos aceites volátiles es su eficacia contra las bacterias o Candida albicans que podrían estar creciendo excesivamente en el intestino delgado. La dosis típica de ECPO es de 200 mg dos veces al día entre comidas.

Comentarios finales

Una vez que los síntomas sugieren que el sobrecrecimiento de bacterias se ha reducido, una prueba de aliento repetida o una evaluación de los síntomas determinarán lo exitoso que ha sido el tratamiento. Si los síntomas han mejorado en un 90 %, el paso siguiente será la prevención del SIBO recurrente continuando con el plan. Si los síntomas aún están presentes después del tiempo adecuado de administración de antimicrobianos, una prueba de aliento repetida podría ser útil para determinar cuánto han cambiado los niveles y ayudar a decidir si es necesario continuar el tratamiento.

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